 |
Física
y metafísica del tiempo
El
ser humano es inteligente y una de las grandes características
de su inteligencia es saber cuales son sus limitaciones para
poder subsanarlas. Por mucho que pase el tiempo, el ser humano
nunca podrá volar. Pero ha sido lo suficientemente
inteligente como para que, sabiendo esta limitación,
construya una máquina llamada "avión"
que nos permita volar.
Aplicando este símil al trabajo, el cerebro humano
tiene sus limitaciones y no es capaz de procesar y realizar
más tareas de las que fisiológicamente está
preparado. Pero se ha investigado al respecto y se han desarrollado
técnicas o herramientas para, dada la limitación
del procesamiento máximo de la información,
seamos capaces de organizar nuestro trabajo de tal manera
que variables contaminantes como la desorganización,
el estrés, la ansiedad, la fatiga, disminuyan considerablemente
y nos permitan la realización de una tarea más
productiva.
Como no somos capaces de procesar toda la información
que nos llega, la cantidad de problemas tiende a aumentar
de modo exponencial, mientras que la cantidad de tiempo disponible
sigue siendo la misma. A esto se le conoce como el "Fenómeno
de Tiempo Comprimido". El exceso de trabajo para el tiempo
que disponemos es un mal endémico. Todos los profesionales
en la actualidad se enfrentan a una sobrecarga de trabajo
y de información pese a las innovaciones técnicas
destinadas a reducirlo. ¿Estamos preparados para enfrentarnos
a los desafíos de la era de la información?.
Peter Druker decía que "Nada distingue tanto al
profesional eficaz como su amor al tiempo". Pero aunque
nos cueste un enorme esfuerzo definir qué es el tiempo,
sí podemos enumerar algunas de sus características
más significativas:
- Es un recurso escaso: deseamos tener más de ello.
- Es absolutamente inelástico: deseamos que el reloj
marche más despacio.
- Es irremplazable: no se puede volver atrás.
- Es equitativo y justo: se nos entrega a diario una cantidad
fija de 24 horas igual para todo ser vivo.
- Es inexorable: no atiende ni a súplicas ni ruegos.
- Es indispensable: nuestra vida es el tiempo que pasamos
"aquí".
Su esposa no pudo contener un sentido suspiro al ver la luna
reflejada en los ojos de John.
Pero de aquella idílica Luna de Miel han pasado ya
10 años.
Si completamos nosotros la película veremos que existe
una diferencia abismal entre la película real de los
últimos 10 años en la vida de nuestros protagonistas,
y la película ideal que trataron de escribir.
El tomar la decisión sobre qué es lo que se
quiere en la vida es una de las cuestiones más difíciles.
Muchas personas nunca se deciden a afrontar esta cuestión.
Casi todas las personas desean conseguir más de la
vida, pero se encuentran muy despistados sobre lo que este
"MAS DE LA VIDA" tendría que ser. Pruebe
a contestar a la pregunta de ¿qué desea hacer
en su vida?. Imagínese el resto de su vida como si
fuera una película en la que usted es el protagonista,
el guionista y el director. Usted escribe el argumento, decide
el lugar y elige a los actores secundarios. Describa lo que
sería un día perfecto en su vida dentro de cinco
años.
Quizá se encuentre en un apuro. Pero tranquilo. Todos
pasamos por el mismo sitio. Si ha tratado de iniciar este
ejercicio que proponíamos en el párrafo anterior,
se habrá dado cuenta que en todo proceso de planificación
debemos darnos cuenta, valga la redundancia, de qué
es lo que nos pasa en el momento actual para poder cambiar
situaciones futuras.
Si quisiéramos escribir, en vez de una película
"romanticona", una película laboral deberemos
movernos en una dirección única, tratando de
armonizar los conocimientos y deseos, traduciendo cada uno
de los objetivos en tareas específicas y de irlas pasando
en bloques temporales, una a una a la lista diaria. Deberemos
realizar un seguimiento con puntos de control en las fases
intermedias que previamente hayamos determinado.
Muchas personas mantienen un aspecto claro de que su cerebro
está sobrecargado durante largos periodos. Ven todas
sus futuras obligaciones, en el trabajo y en su vida personal,
como una conjunto de tareas no estructurado y desorganizado.
Lo grande y lo pequeño están mezclado, sin ningún
orden ni concierto. Esto da como resultado un cerebro totalmente
ocupado en el procesamiento de infinidad de pequeños
detalles que no están relacionados entre sí,
donde resulta imposible distinguir entre lo importante y lo
trivial. Muchas cosas se olvidan, o se realizan en un orden
inconexo, simplemente guiadas por el impulso.
Ante esta situación es frecuente que no se haga nada,
floreciendo de esta manera un sentimiento de culpabilidad
o mala conciencia ante el trabajo no realizado. Las prioridades
del trabajo se han fijado de una manera equivocada. En un
momento determinado parece que es más importante lo
que es visible en una agenda teniendo el despacho totalmente
desordenado.
Existe una correlación directa entre la visión
global o de conjunto y el nivel de actividad que se realiza.
Un requisito previo para la espontaneidad y la creatividad
es un nivel de energía lo suficientemente alto, que
va a depender de la visión global y del sentimiento
de control de las situaciones.
Tener un plan preparado para el próximo periodo de
planificación antes de que termine el anterior dará
al cerebro subconsciente la oportunidad de "dormir sobre
éste". De esta manera se pueden producir nuevas
ideas sobre como mejorar los resultados del periodo siguiente.
Una buena táctica consiste en escribir las ideas justo
en el momento en que a uno se le ocurren. Este registro va
a aliviar al cerebro consciente. Solamente cuando se sienta
que el día siguiente ya está controlado y que
la cabeza no está llena de "cabos sueltos"
se podrá disfrutar del momento presente.
Si queremos salir de la situación caótica de
la desorganización, se deben fijar unos objetivos,
que han de ser:
- Muy concretos y específicos.
- Pocos pero muy importantes.
- Compatibilizables entre ellos.
- Alcanzables, pero con dificultad.
- Cuantificables (en la medida de lo posible).
- A plazos, e incluso con escalones intermedios para facilitar
su seguimiento.
- Escritos y fácilmente consultables.
- Que según evolucionan las situaciones evolucionen
también los objetivos.
- Y la propia evolución y desarrollo personal deben
hacer variar la importancia de las cosas.
De igual modo, a estos objetivos hay que asignarles unas prioridades.
Tener definidos los objetivos supone la existencia de un rumbo
de trabajo. Pero los objetivos no se alcanzan si no es a través
de las actividades que se realizan. "La trampa de la
actividad" consiste en que estamos tan ocupados en lo
que hacemos que olvidamos para qué lo estamos haciendo.
Establecer la prioridad de cada actividad es la mejor, y casi
única, garantía posible de lograr la eficacia
que se requiere en cada trabajo. |
| |
|